jueves, 11 de abril de 2013

Sopa de letras

Tenía un rato para leer, no mucho. Se decidió entonces por la biblioteca de lecturas rápidas. Eso le evitaba tener que elegir autores, títulos, esperar que le trajeran el libro y todo eso que le demandaba tiempo. A veces lo hacía, y cuando empezaba a leer, ya se le había acabado el rato disponible.

Entró y miró hacia los carteles luminosos para ver qué pedir. Los combos eran: autoayuda espiritual + aforismos inspiradores, autoayuda empresaria + decálogo del triunfador, literatura amorosa + frases para memorizar y literatura general + sopa de letras. Le interesó esto último, porque la sopa de letras se la guardaba para el final de su horario de trabajo, que era bastante aburrido.

Tuvo suerte porque por cincuenta centavos más le dieron las soluciones de los crucigramas, para que hiciera la comprobación.

Se sentó en una mesa a leer el texto impreso, estaba interesante, no decía su autor, pero era llevadero hasta el final. Tanto le gustó, que se quedó con ganas de más y se preguntó cómo medirían en esa biblioteca la cantidad de texto que a cada uno le satisface leer.

En su reloj vio la hora de volver a la oficina y recogió sus cosas de la mesa bien iluminada.

Al salir miró nuevamente el impactante cartel de promoción y no pudo menos que preguntarse por qué su sopa de letras parecía un folleto de supermercado, y la del cartel, un tomo de la historia del arte encuadernada en cuero con letras de oro.

viernes, 17 de febrero de 2012

Muerte antilopada

Veo el mar oxidado de siempre. Y esa playa irreverente que lo contiene, que lo pelea, que escucha sus susurros estridentes.

Voy a morir en el mar. Con una muerte analgésica y galáctica. En el instante del crepúsculo áspero.

¿Qué me espera en las profundidades acrobáticas? ¿La luz oscura de lo desconocido anidado o el desesperado resplandor del túnel platónico?

La vida encapsulada y adormecida no me seduce. Y tengo cansadas las esperanzas de nuevos intentos desconsolados.

Me falta la desaterrada fuerza de comenzar otra poesía.

Tal vez mi flácido pensamiento quede para siempre en la estación terminal y mi alma empapada ascienda un peldaño más en el mármol eterno.

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miércoles, 12 de octubre de 2011

Reflexiones

A veces viajo

a estaciones de tren

de mi pasado.

Me introduzco furtivo

en aulas frías

buscando rostros que se desvanecen

cuando intuyen mi mirada.

Y me desconsuelan

los amigos que quise y perdí

pero aún más aquellos

que mi memoria se niega a traer.

Veo entonces

un mundo que se podía cambiar

una juventud infinita

un amor para toda la vida.

Y me pregunto

qué cambió en mí

que siendo yo mismo

como lo atestigua mi documento

vea la vida tan diferente

más frágil, más efímera

y busque los caminos de regreso

mirando mi reloj a cada rato.

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jueves, 8 de septiembre de 2011

Aves

Como un águila divisó a la distancia su rostro de líneas perfectas.

Se le acercó sabiéndose ganador, como un pavo real.

Como una cotorra chilló cosas sin sentido entre la música ruidosa del lugar.

En la pista bailó y revoloteó como un palomo en celo.

Con la atención de un búho escuchó sus historias en el parque.

La enamoró con sus ojos de gavilán.

Sorbió como un colibrí el néctar de su cariño.

Y como hacen los hombres, después de obtener lo que quería, levantó vuelo.

lunes, 5 de septiembre de 2011

jueves, 1 de septiembre de 2011

Palabras

Juan entra en el bar donde pactaron el encuentro. Busca una mesa y pide un café, le gustaría fumarse un cigarro pero no está permitido. Entonces se pone a canturrear una canción que habla de un amor que se rompe, como el de él con Ana. Las palabras de la canción se elevan, tal vez impulsadas por la melodía. En lo alto de la cortina quedan enredadas y al rato se ve que van perdiendo su tinte. Sólo se mantiene “desamor”, que tarda en desaparecer.

Ana llega y pide un cortado. Como es usual para entrar en clima, empiezan a hablar del calor y otras obviedades. Las palabras dichas apenas se pueden distinguir por su vaguedad y falta de importancia y se van desvaneciendo a medida que descienden.

De pronto Juan toma la iniciativa para tratar el tema que los reúne: que él está enamorado de otra mujer. Las palabras de su boca salen gruesas y en letras de molde oscureciendo por momentos el espacio que lo separa de Ana. Los ojos de ella se llenan de lágrimas y le responde con voz balbuceante. Pálidos vocablos en minúscula, de trazos inseguros aparecen y caen inevitablemente sobre la mesa, deshaciéndose.

A Juan, que le costó comenzar, lo va animando cada vez más la idea de terminar todo de una vez. Varias de sus palabras, desconsideradas, punzantes, definitorias, caen dentro de la taza de ella, que al sorber un trago, siente que su aparato digestivo se convulsiona.

Ana toma su cartera y se va. Juan paga y sale también, deseoso de fumar su cigarrillo.

El mozo junta los pocillos, limpia la mesa de tanta palabra triste y acomoda el florero.

domingo, 7 de agosto de 2011

Nanorrelatos * II

Ella se fue y él se quedó con una obra sin personajes.

Para cuando llegó la herencia de sus padres, sus hijos ya esperaban la de él.

Pensó en hablarle de amor, pero vio soledad de sentimientos en sus ojos.

Una verja detiene el vuelo de una bandada de niños.

A pesar de su empeño, sólo pudo despertar en ella un amor esquelético, que apenas se sostenía.

Fue a lavarse la cara y un asesino oculto detrás del espejo dio cuenta de sus años.

Culpó a esa lágrima pionera de provocar tanto llanto.

Fue sólo verlo y el alma se le llenó de colibríes.

La tinta desteñida de un pasado rutinario le manchaba el presente.

Quise besarla y me quedé en la comisura de mi deseo.

(*) Relatos por diez a la menos 9

viernes, 1 de julio de 2011

Desenfrenos

La consigna de la reunión de departamentos había sido clara: necesitaban una renovación total del auto. Después de cinco años de lanzado al mercado con mucho éxito, la competencia estaba ofreciendo opciones más interesantes.

El Departamento de Propulsión ya estaba trabajando en agregarle válvulas al motor y en pocas semanas presentó uno que, con igual cilindrada, incrementaba en un 20 % sus revoluciones y su potencia.

Montado éste en el prototipo, los ingenieros del Departamento de Dispositivos de Seguridad buscaron un nuevo freno de estacionamiento.

Por medio de un engranaje reductor lograron aumentar la presión sobre las zapatas y presentaron un freno que activado, no permitía que el auto se moviera ni con la máxima potencia del motor.

En el Departamento de Propulsión se pusieron a trabajar nuevamente, en ningún modelo anterior de la fábrica, el freno de estacionamiento había podido impedir que un auto se moviera si se lo aceleraba adecuadamente.

Cambiando la longitud de las bielas aumentaron la cilindrada y la potencia, de modo que el prototipo logró moverse a pesar de tener el freno activado.

Viendo esto al Departamento de Dispositivos de Seguridad no le quedó otro recurso que ensanchar las campanas y las zapatas para aumentar la superficie de fricción. El nuevo modelo apenas se balanceó cuando se lo aceleró en primera con el freno puesto.

El Departamento de Propulsión modificó los parámetros de la inyección multipunto logrando más potencia y el de Dispositivos de Seguridad la ubicación y el tamaño de la palanca de freno, que le permitía ejercer una fuerza mayor.

Entretanto el Departamento de Martketing decidó hacer un redireccionamiento del producto que fue calurosamente bien recibido por el Directorio. Se decidió relanzar el modelo para la 3º edad, un segmento de mercado un poco desatendido y de gran crecimiento. Entre las características del nuevo usuario, detalladas en el memorandum enviado al Directorio, está el usar velocidades y aceleraciones moderadas y jamás intentar mover el auto con el freno de estacionamiento activado.

martes, 21 de junio de 2011

Nanorrelatos* I

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Había nacido de un armisticio en el divorcio de sus padres.


Él le habló del rojo, ella del violeta y, por supuesto, no combinaron.


Atrajo noches interminables con su insomnio tenáz.


La cometa de caña y papel tironeó del hilo, codiciando el infinito.


Sus celos resultaron más interesantes que su amor.


Estalló el verano y el sol asalta los balcones desarmados.


Comencé a hacerte el amor desde la comisura de tu sensualidad.


Su alma gregaria no soportó la soledad de la muerte.


Abrió la cama para acostarse, entre sábanas de verde soledad.


Encontró al paso de su mano, ojales sabios de seducción.


(*) relatos por diez a la menos 9



miércoles, 18 de mayo de 2011

Laberinto

Fue fácil entrar en tu laberinto. Tus galerías estaban decoradas de labios filigranados, de miradas aterciopeladas y frases de ternura envolvente.

Y me gustó ir recorriendo al azar patios de caricias campestres, salas señoriales de complicidad y distancia simuladas y balcones de arrebatos con luz de luna.

No había encontrado, hasta entonces, los bajoescaleras de celos machimbrados, ni los galpones de pequeñas rencillas guardadas. No conocía el hedor de rincones impregnados de envidia ni el cesto de ropa sucia de amores no olvidados.

Ahora busco la salida. Quisiera irme cautelosamente, sin pisotear ningún sentimiento florecido de tu jardín.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

viernes, 10 de septiembre de 2010

Ropa de procesión

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Oh María, Madre mia

Virgencita de Luján

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¡Qué hermosa es la virgen! ¡Todos la admiran!

Como es su día la sacamos a pasear por el barrio. No somos muchos, el Padre José dice que somos los elegidos. Yo no falto nunca a estas ocasiones. Me pongo mi vestido marrón oscuro y me cuelgo el rosario al cuello.

Me imagino que los vecinos nos debe admirar cuando pasamos con la imagen por sus calles. Deben pensar: ¡qué bien lo que hace esta gente, está adorando a la virgen para que luego todos tengamos más felicidad! Alguno pensará: yo no tengo constancia de ir todos los domingos a misa, apenas para pascua, ¡qué bueno que haya vecinos que sí van y se ocupan de esas cosas por nosotros! Porque alguien tiene que ocuparse, creo. Sino Dios no sabría qué necesitamos de él. Y tampoco la Virgen, la madre de su hijo, que no es su esposa, porque ella estaba casada con José. Bueno, casada pero virgen. Yo nunca podría ser como ella, porque a mi me gusta el sexo. Y está bien lo de ser la madre de Jesús, pero había algo de la vida que se estaba perdiendo. Bueno, no sé cómo sería en ese tiempo. Pero me parece que siempre fue igual. O parecido, porque la gente se bañaba menos, algunas cosas harían, otras no.

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Amparadme y guiadme

a la patria celestial.

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¿Y José qué haría? ¿Qué haría para que no le crezcan pelos en las palmas de las manos? O a lo mejor tenía otra. Tenía una virgen en casa y una mujer común afuera. Entonces María era como cornuda. Virgen y cornuda, extraña combinación. Hay que tener conducta para seguir virgen con tanta tentación. Yo, esforzándome, hubiera llegado a los diecinueve, pero más no.

Pobre José, le tocó lo peor. Con María, sólo amor platónico. Hijos propios no tuvo, pero tuvo que criar y alimentar a Jesús. Y Jesús proclamando a los cuatro vientos que no era hijo de él sino del Otro Padre. Nosotros ya lo entendimos, pero en ese tiempo debió de haber sido difícil. Y su paso a la historia no fue el mejor. No recuerdo ninguna oración que le hayan hecho a José para rezarle.

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Oh María, madre mía

Virgencita de Luján

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Pero María está hermosa con ese vestido hasta los pies, hecho con hilos dorados y sedas finas. Debe tener enaguas almidonadas o algo así, porque ella es delgadita. ¿Cuándo se habrá puesto esos vestidos? Porque era de familia pobre. Y el hijo no se le casó, que podría estar bien de madrina así. Aunque dicen que la madrina no tiene que opacar a la novia. Y famosa se hizo después, cuando Jesús fue grande y empezó a hacer milagros. ¿Se habrá hecho vestuario para esas ocasiones? Pero cuando Jesús fue crucificado al menos tendría cincuenta, para aquella época, una vieja. A lo mejor por eso se decidió a hacer sus apariciones con hermosos vestidos. Yo hubiera hecho lo mismo. Y me hubiera aparecido así, jóven y bien empilchada. Como Mirta Legrand.

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Amparadme y guiadme

a la patria celestial.

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Acá tenemos que dar la vuelta para entrar de nuevo a la capilla. Cuánta gente, creo que volvimos muchos más de los que salimos. Lo que pasa es que la fe es contagiosa. Yo hago bien en venir a todas las procesiones, me estoy ganando el cielo. Porque si una reza sola en su casa, Dios puede ser que la escuche, puede ser que no. Pero a esta multitud de gente caminando por la ciudad, la tiene que ver de allá arriba. Y cuando le llame la atención y mire con detalle, seguro que me va a ver a mi. A lo mejor debería haberme vestido más llamativa, pero me pareció que era mejor ropa oscura. Nadie dice qué ropa hay que traer. Después le voy a preguntar al Padre José... no me había dado cuenta, se llama como el padre de Jesús. Y también le toca lo de la abstinencia sexual. A lo mejor hace como el otro José y tiene algo por afuera. A mi nunca me insinuó nada. ¡También! ¡Con esta ropa oscura que traigo a las procesiones!

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viernes, 28 de mayo de 2010

Detenerse

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Hay veces en que uno se detiene. Viene empujado por las obligaciones, lo que queda por hacer, lo que convendría que ya esté realizado y no lo está…Y hace un alto.
Y piensa.
Y pienso.
Sé que cada mañana me miro al espejo, me digo que empiezo un mundo nuevo y lo hago. Pero hay un sendero que va quedando atrás. ¿Qué cosas voy dejando a un costado sin darme cuenta? ¿Qué cosas la vida me va llevando para dejarme otras en su lugar?

Lo que viví.

Toda esa gente que se cruzó en mi camino y no he vuelto a ver.
Personas que quise y se las llevó la circunstancia.
Alguien que me amó y yo olvidé.
El cariño de mi abuela que ya no está.
Profesiones que tuve y que ya no las siento mías.
La habitación que aparece cuando apago la luz.
Infinitos preparativos de un casamiento.
El gato Mimoso despertándome de la siesta.
Una mamadera a las 3 de la mañana.
Una guardia de hospital a las 6.
Mi primera fotografía bien pagada.
Aplausos en una conferencia donde soy orador.

Aquellos momentos únicos.

El día anterior al primer beso.
El día siguiente.
Mi hija bebé durmiéndose cansada de llanto en mis brazos.
Una playa de risas infantiles en San Clemente.
Entrar al primer departamento propio y verlo como un palacio.
Una noche de pasión sin entender el idioma.
El reflejo de la ventana en la sedosidad de una piel morena.

El espacio de mi niñez.

Una sortija como trofeo de mi habilidad.
Zapatitos blancos arruinados en su estreno.
Un padre colérico enfurecido por cualquier cosa.
Una trinchera de caños pluviales donde esconderse y jugar.
La niña de enfrente mostrando la bombacha.
Yo pidiendo ver más.
Una maestra enamorándome.
Larguísimas noches sin electricidad.
Versos de amor con rima sin destinataria.
María del Carmen.
Las historias de mi madre caminando a casa de la abuela.
Su paso imposible de alcanzar.
El Dios de la Hermanas Azules.
Mis esfuerzos por creer.
El fin del mundo en el fin de la primaria.
Liliana y mi timidez apenas púber.
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miércoles, 3 de febrero de 2010

Primicias

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Sabida es la puja periodística entre los dos canales nacionales de noticias. Ya en el primer día del año se empezó a disputar cuál sería el líder en audiencia. Cada canal convocó a la totalidad de su personal para una jornada especial, no sólo para la producción de noticias, sino también para el monitoreo de su competencia.

En el canal de noticias ABC encargaron a un notero que entrevistara al primer turista en arribar a Mar del Plata. Otro fue destinado a grabar el llanto del primer bebé nacido en Buenos Aires.

Pero el canal Primicias los sorprendió anunciando la nota al ganador de la primera bolilla del Casino de Mar del Plata y la primera boleta de tránsito en calles porteñas.

Entonces ABC instruyó a sus periodistas para conseguir el primer beso del año en los boliches de Constitución y el primer cliente en confundirse con un travesti en el Microcentro porteño.

Primicias no quiso quedarse atrás y destinó su personal a buscar el primer marido engañado con un guardavidas en La Feliz y la primera discusión fuerte entre cuñados, con o sin agresión física, en Buenos Aires.

Ahora sí, el canal ABC, no pudo hacer otra cosa que destinar todo el personal posible, incluso al que se hallaba de licencia, a buscar la primera lágrima adolescente derramada por amor en la ciudad balnearia y la primera muela fisurada por un turrón de Alicante en esta Capital.

Fue un comienzo de año pocas veces registrado. Quienes siguieron esta maratón de noticias supieron la altura de la primera ola, el título de la primera película porno alquilada y la primera pareja que se deshizo tras un mensaje delator en el celular.

Pero no fueron muchos, la mayoría de la población seguía en los otros canales las alternativas de la renuncia del presidente, producida curiosamente, el primer día del año.

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viernes, 22 de enero de 2010

Palmira

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La voy a llamar por teléfono. Estoy decidido. Lo vengo postergando un poco, pero creo que hoy es el mejor día. Le voy a mostrar mis sentimientos y ella se va a dejar seducir por mí.

Ahora es un poco temprano. Antes de las 9 seguro que Palmira no se levanta. Cuando vivamos juntos la voy a despertar con mis besos y le va a encantar madrugar.

Podría llamarla ahora, ya son las 9:30. Ella estará desayunando su té con tostadas en la mesa de la cocina, me la puedo imaginar. Me va a gustar que más adelante ella me ofrezca una tostada con manteca mientras yo leo la sección deportiva del diario. Pero para atender el teléfono va a tener que levantarse, puede sacudir la mesa y volcar el té en el platito, a mí me pasa. O atenderme apurada para que no se le enfríe. Ahí estoy mal, porque preciso tiempo para llevar la conversación adonde yo quiero. Mejor espero que termine su desayuno.

Ahora podría ser, son casi las 12. Debe estar haciendo las tareas de la casa. ¡Qué hermosa debe estar con el delantal y el cabello recogido en una colita! Tal vez cuando estemos juntos y yo falte al trabajo un día, la vea así. Voy a intentar abrazarla por detrás y besarle el cuello y ella me va a rechazar diciendo que tiene mucho para limpiar. Quizá ahora se esté acordando que tiene que hacer compras y los negocios van a cerrar. Va a estar saliendo y volviendo a entrar para descolgar el teléfono. Me va a atender con disgusto, pensando cómo arreglarse con lo que tiene si no llega a comprar nada. No es momento para llamar.

Ya son más de las 3, tal vez sea la hora oportuna. Ya se levantó de dormir su siesta. Estará poniendo la pava para unos mates. ¡Cómo me gusta una mujer que sabe hacer mate! Para mí no hay felicidad más grande para un hombre que su compañera le cebe unos amargos con bizcochitos de grasa. ¿Sabrá hacer bizcochos caseros? Tengo que preguntarle. ¿Y si todavía no se levantó? ¿Y si se quedó un rato más porque la comida le cayó pesada? No voy a despertarla con el teléfono. Cuando a mi me hacen eso me pone de muy mal humor.

Se hicieron las 6 y media. No está mal. Debe estar mirando la novela de la tarde. Eso me viene bien, está escuchando palabras de amor en boca de los actores. Y luego va a escuchar las mías. Que no serán tan bien dichas pero sí sentidas, y de un hombre de carne y hueso. Y después se las voy a repetir todos los días, para que no diga como todas, que los hombres callamos nuestros sentimientos. Pero tal vez la novela esté en su parte más interesante, cuando el protagonista se entera que murió su tío multimillonario o que su hermana no es su hermana. Y yo la estoy llamando. Y ella me dice “habláme rapidito que me pierdo la mejor parte”. No, no puedo llamarla ahora.

Ya es de noche, y de noche hay otro clima. Palmira seguro ya vio que hay luna llena. Todos nos ponemos más sensibles una noche así. Yo voy a aprovechar todas las noches de luna para llevarla al balcón a contemplar el cielo. Eso me va a abrir las puertas de una velada de mucha pasión y lujuria. A las mujeres les encanta el romanticismo. Pero no creo que me atienda el teléfono, pensará que a esta hora sólo llaman bromistas y números equivocados.

¡Qué lástima! Cuando la conocí en la cola del banco y me dio su número de teléfono pensé que iba a ser más fácil. Pero de nada me sirve tener su número si no hay horario en el día en que me pueda atender.

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miércoles, 13 de enero de 2010

La química del amor

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- Lo primero que tenés que saber son las valencias de los elementos- le dijo ella.

- Las tengo en esta tabla – dijo él- y te escribí un verso en el margen blanco.

- Después los combinás de forma que las valencias coincidan – dijo ella curiosa- ¿me lo leés?

- ¿Si no tienen el mismo número no se combinan? – dijo él – Te lo leo al oído.

- Podés poner uno de valencia 2 con uno de 6 agregando un 3 adelante, me río porque me hacés cosquillas.

- Y las que tienen varios números, ¿cuál uso? Sé otro verso de memoria.

- Podés usar cualquiera, pero la sustancia resultante tiene diferente nombre, no me beses la oreja que me ponés nerviosa.

- ¿Cómo sé los nombres? ¿Puedo ver si en la boca no te pone nerviosa?

- Hay una regla nemotécnica, sólo un beso chiquito.

- ¿Cuál es la regla? ¿querés ser mi novia?

- El pico del pato y el pito del oso, bueno ¿vos me querés?

- Sí, ¿hacemos recreo?

- Un ratito, ¡pero después seguimos!

- Por supuesto, más ahora que estoy entendiendo cómo funciona la química.

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jueves, 1 de octubre de 2009

Deseo

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Rumo la primera estrella
Que brilla cuando el sol pusa
Que la noche sada acusa
Y en su rigona destella
Le pido simoles deya
Le pido cambas sabinas
Quiero que nuevas adimas
Mitoquen mis alumaves
Pero la estrella no sabe
Cómo argolar las supinas.
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lunes, 14 de septiembre de 2009

Sabores

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El agua no tiene sabor.
O lo tiene de una forma muy particular. A veces pienso que cuando la bebo me hace sentir el sabor de mi propia boca. Como un beso apasionado, que me deja sentir el gusto de otra boca. Y quizá lo que más me excita es la humedad de la otra boca.
¡Algunas veces el agua tiene sabor excitante!
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jueves, 23 de julio de 2009

Oración

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Padre nuestro que estás en los cielos. Seguro que a Dios lo imaginaron en el cielo por lo de infinito y desconocido. Cuando conozcamos más el universo, ¿Dónde lo pondremos?
Santificado sea tu nombre. O sea, le ponemos “San” adelante. ¿Como queda mi nombre con San adelante? “San Gabriel”, suena bien, claro, todos los nombres tienen un santo. Para que aparezcan más santos habría que inventar más nombres.
Venga a nosotros tu reino. Debe ser como una herencia, cuando Dios se muera nos tocan sus bienes. Pero repartidos entre tantos y después de deducir impuestos, en una de esas no nos queda nada.
Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. O mejor podría elegir el cielo para su voluntad y dejarnos la tierra para nosotros y no meterse tanto. El Papa quedaría descolocado. Un representante sin voz ni voto. Podría ocuparse de tramitar los permisos de las naves que atraviesan el cielo.
El pan nuestro de cada día danoslo hoy. Mañana ya está seco. Sino que sea galleta, que dura más. La panadería cerca de mi casa hacía unas galletas marineras que no las he vuelto a comer. Tal vez tuviera inspiración divina.
Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Igual, cuando no te quieren pagar, no te pagan. Yo ni me gasto en mandar cartas-documento. Ahí no se si perdono o me resigno a no cobrar.
Y no nos dejes caer en la tentación. A mi me gusta caer de vez en cuando en alguna. Un chocolate en el medio del régimen, comprar algo superfluo, apoyar a alguna mujer en el subte…
Más líbranos del mal. ¿De qué mal? ¿Del mal de ojo? ¿Del mal de Chagas? ¿Del mal del San Vito? Debe ser de ese, que es un mal santo.
Amén. Que es “Así sea”. Como “Colorín Colorado”. Como “Fueron felices y comieron perdices”. ¡Qué ganas de ir a cazar perdices al campo! Voy a limpiar la escopeta. Y a seguir rezando para que no llueva el fin de semana.
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jueves, 11 de junio de 2009

Política

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Una de las primeras medidas que tomó el gobierno fue cambiar los colores de los semáforos. Pero el asombro de los automovilistas duró muy poco, hasta que unos días después una ordenanza los obligaba a circular por las veredas, en tanto que los transeúntes gastaban las suelas de sus zapatos en el asfalto oscuro.
Muchos padres encontraron dificultad en enviar a sus niños a la escuela durante la noche y los maestros no sabían si debían permitir o no los bostezos en clase.
Los negocios abiertos sólo los fines de semana daban bastante animación a los centros comerciales, pero el pan que se comía los viernes desafiaba los dientes más afilados.
La utilización de los sanitarios masculinos por parte de las mujeres, y viceversa, motivó no pocas situaciones risueñas durante el período de adaptación, aunque hubo también vivillos que se hicieron los falsos confundidos.
A pesar de haber sido el único partido que al asumir el gobierno cumplió con sus promesas electorales, la Alianza para el Cambio no fue reelegida. El voto de las mascotas fue decisivo y la relegó a un segundo lugar.

martes, 21 de abril de 2009

Sentidos

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La manija de la puerta vaivén del bar se notaba fría. La empujé con decisión y entré. El salón parecía estar bastante lleno de gente, se escuchaba un murmullo alto y algunas risas disonantes. Un profundo olor a café torrado invadía el lugar, debía ser la especialidad de la casa.
Ni bien entré, escuché la voz de de Matilde que me llamaba. Estaba sentada en una mesa de la izquierda.
Nos dimos un beso en la mejilla. Sentí que no era un beso indiferente, que realmente tenía ganas de verme. Estando tan cerca percibí que había cambiado su perfume por uno más floral y no tan fino. Me senté frente a ella. La silla era de madera rugosa, pero bastante cómoda. La mesa tenía mantel de algodón y le habían puesto un vidrio por encima para protegerlo.
Apenas después del saludo, Matilde me comenzó a contar lo que la preocupaba: una situación de celos con su hermana. Escuchaba su voz recortada en el fondo del ruido general, en una mesa vecina algunas docentes discutían sobre un paro y en otra unos jóvenes hablaban de fútbol.
El aroma de café prometía un sabor mejor del que ofreció. Tal vez el paquete haya tomado un poco de humedad, por suerte las masitas que lo acompañaban estaban hechas del día.
Escuche un rato a Matilde. Su tono se iba poniendo más calmo a medida que hablaba y el tema viró hacia situaciones más divertidas, se ve que estaba necesitando compartir sus cosas con alguien, y a mi me gusta escucharla. Me gusta Matilde. Me gusta sentarme con ella a tomar un café y me siento bien cuando pongo mi mano sobre su brazo para caminar, tiene una piel firme con un vello suave.
Conversamos y nos reímos un largo rato. Luego pagamos el café y me acompañó a la parada del ómnibus. El beso de despedida fue aún más afectuoso que el de recibimiento.
Estoy ilusionado con ella, pero voy despacio porque sé que para Matilde no va a ser una decisión fácil.
Igual no puedo dejar de imaginarme lo hermoso que puede ser la vida juntos: mimarnos, acompañarnos, querernos. Yo voy a ser quien siempre la escuche, y ella, los ojos que no tengo.
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jueves, 12 de marzo de 2009

Síntomas

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Dedicado a Reni

Cuando Isabel compartía su vida conmigo, yo gozaba de buena salud. No digo por esto que algunos días no sufriera por digestión lenta de celos o por malestares de confianza ciega. Pero era esporádico. ¿Quién no tiene de vez en cuando una acidez en los sentimientos?
Pero cuando su ausencia se instaló en mi casa, la enfermedad lo hizo también. Esa misma noche sufrí una rotura en los ligamentos cruzados de la autoestima, que todavía no cicatrizan. Pocos días después, estando en plena calle, se me manifestó un cuadro agudo de hipotensión afectiva, tal vez asociada a la falta de desayunos compartidos.
Yo creí que el trabajo, que me mantiene ocupados el cuerpo y la mente, me iba a proteger. Pero no fue así. En la mitad de la mañana, a eso de las diez, una anemia de besos telefónicos me debilitó a punto de tener que recostarme. Ninguna transfusión de ánimo de mis amigos me hizo efecto. A la vuelta del almuerzo, inesperadadamente, sufrí de violentos cólicos de tristeza frente a la foto sonriente de Isabel.
Dicen que los síntomas se agravan por la noche y debe ser verdad.
Casi siempre al acostarme una fiebre virósica de recuerdos no me deja alcanzar el sueño. Espásmos de mates en la playa, de amaneceres acurrucados, de risas sin motivo, me sacuden todo el cuerpo.
Mañana empiezo la serie de estudios clínicos. Luego me dirán el tratamiento a seguir.
Pero no soy muy optimista: la medicina aún desconoce muchas enfermedades.

jueves, 26 de febrero de 2009

Noticia

Hay mucha demora hoy en el regreso a casa.
Hay mucha mujer hermosa por la calle. Mucha cerveza aún en los bares. Miles de fichas en las máquinas tragamonedas. Varios amigos con la tarde libre. Algunos resultados del fútbol para comentar. Cientos de contactos en el Messenger. Decenas de personas en la línea erótica...
-¿No escuchaste en el noticiero, querida, la demora que hubo para salir de la ciudad?

martes, 6 de enero de 2009

Carta a Mary

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Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro, las voces de los ecos,
y escucho solamente entre las voces, una.
Antonio Machado

Querida Mary:

Hoy hablaste de la felicidad. Te dije que no te podía dar consejo, entre otras cosas porque no creo que sean de utilidad. Lo que puedo hacer es contarte sobre mí.
Yo me siento feliz porque me encanta la vida. Creo que la vida en el universo no es la regla, es la excepción. Es la discontinuidad, un efecto secundario. Por eso en los procesos del cosmos que se miden en millones de años, nuestra vida es un instante. Es un fósforo que se enciende, se consume y se apaga. Tiene mucho de mágica. Creo que tenemos la oportunidad única de aprovecharla.

Muchas veces las cosas me salen mal. Cuando el problema me parece grande trato de alejarme y verlo con más perspectiva.
Por ejemplo, me retrasé con la revista y no va a estar cuando abra la exposición. Es grave, todos mis clientes esperan ver su aviso en ese momento. ¿Qué hago? ¿Me desespero? No, tomo perspectiva y pienso que esta es una de todas las exposiciones que voy a participar. Que dentro de dos o tres años ni yo me voy a acordar de esto. Lo importante para mí ahora es disminuir el impacto. Voy a llevar revistas anteriores para repartir, retirar hojas sueltas de la imprenta para mostrar algún aviso y que el cliente al menos lo vea. A la vez pienso y anoto qué medidas tomar para que no me vuelva a suceder. Me predispongo a enfrentar lo que venga: algún cliente se enojará, alguno no me querrá pagar el aviso, la competencia sonreirá. Algo voy a perder porque hice mal mi trabajo, es lo natural. Pero la tierra no va a parar su rotación, mis amigos no van a dejar de quererme, ni se va a terminar mi vida por este problema. Por suerte, no soy tan importante que la existencia del mundo dependa de mí. Nada que yo haga mal, va afectar la capa de ozono ni la cantidad de alimento que se dispone en el mundo.

A veces tengo problemas con mis afectos. Mi hija Mailén está enojada conmigo porque se terminó mi relación con mi pareja de varios años. Ella le tenía mucho afecto. Mi ex pareja no está hablando muy bien de mí. La gente que trabaja en mi oficina, a quienes aprecio, a veces piensan que no soy equitativo o que no los valoro.
En esas situaciones pienso que en la vida estamos, en última instancia, solos. A mis hijas les doy amor, las acompaño y les transmito lo poco que pude aprender, pero sus vidas son sus vidas. Ellas harán lo que les parezca mejor y seguro me reprocharán lo que creen que hice mal, elegirán qué hacer y dónde, y yo sólo podré darle lo que tengo: amor, buena voluntad y el ejemplo de buscar siempre la felicidad. No puedo darles lo que ellas creen que merecen recibir, porque es utópico.
Mi idea de una pareja es elegirse para quererse y acompañarse. No pienso en construir mi vida en función de la felicidad de la otra persona. ¡Ojalá puedan darse ambas cosas!

Mi felicidad está alimentada por el amor de los que me rodean, por el reconocimiento de que lo que hago sirve, por la contemplación de la naturaleza, del arte, por los logros económicos y por algunos momentos fugaces en que me parece que entiendo de qué se trata todo esto. Está alimentada, te decía, pero no depende de estas cosas. Yo estoy solo y debo aprender a encontrar lo que necesito. Debo disfrutar de la vida tal cual está, puedo procurar algunos momentos especiales de placer, pero en general deberé aprender a ser feliz en todos los momentos, cuando hago la cola en el banco, cuando miro una película o cuando trabajo. Eso lo hago a partir de una actitud de disfrute, aunque sea por el solo hecho de disponer de vida, ese bien tan escaso y breve en el universo.

Trato de no poner lo bueno sólo en lo que va a venir, el fin de semana, las vacaciones, cuando me jubile, cuando termine el departamentito. Esa es una ilusión óptica que hace automáticamente mi cerebro. Yo trato de desarticularla. Porque si yo no aprendo a ser feliz en todo momento, tal vez pueda aprovechar poco cuando esas cosas lleguen.
Yo descubrí ( para mí, tal vez todo el mundo ya lo sabía) que las situaciones nuevas que deseo y por las que tanto me esfuerzo me dan eso prometido, pero me hacen perder mucho de lo anterior. Si no logré disfrutar la etapa anterior, con la nueva ya será tarde.
Por ejemplo si cuando camino y viajo en colectivo pienso que la dicha va a estar cundo tenga auto. Seguramente sucederá eso, pero también me voy a dar cuenta que no tengo dónde leer, que me creció la panza, que me preocupa el pronóstico por si viene granizo, que me aparecen gastos inesperados…

Como miro alrededor y veo que la mayoría de la gente que me rodea no es feliz, trato de protegerme de ella. No escucho a la gente que siempre tiene una razón para no estar bien, pero me acerco al que realmente sufre por algo. No me enrosco con los noticieros ni los diarios.

Tal vez algo de lo que conté te resuene. Y espero sinceramente que tu existencia se deslice por los mejores caminos, sabés que te aprecio mucho. Luis
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lunes, 29 de diciembre de 2008

Sólo para escritores

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Astronomía para poetas

Qué mal nos podemos llegar a sentir si después de buscar afanosamente las palabras justas para enhebrar un poema, alguien nos dice que es inexacto, que lo que escribimos es erróneo en algún sentido. Por supuesto no podemos conocer todos los temas a fondo, pero cuanto más sepamos, mejor.
Hoy vamos a aprender algo de astronomía, algunos de los errores más comunes que se cometen al mencionar los fenómenos celestes.

1) Veamos este verso:

A veces recalo en tus ojos
Apoyo mi alma en tu alma
Sigo detrás de esos luceros
Dejando mi norte en tu calma.

No hay dos luceros. Hay uno solo y es el planeta Venus que se puede ver alternativamente a la tarde o a la mañana. Si lo miran con un prismático (con un telescopio, mucho mejor) verán que tiene forma de medialuna.
Una forma más correcta sería:

A veces recalo en tus ojos
Apoyo mi alma en sus niñas
Sigo detrás de ese lucero
Cuando cómplice me guiñas.

2) Aquí otro caso:

En rincones inesperados
Mi infancia sabe esconderse
Quiero asirla, pero la siento
A años luz de mi presente.

El año luz no es una medida de tiempo sino de distancia. Es la distancia que recorre un rayo de luz en un año. Equivale a 9.600.000.000.000 kilómetros.
Podría quedar así:

Mi infancia sabe esconderse
En rincones inesperados
Quiero asirla, pero la siento
A años luz de mis manos.

3) Este es otro ejemplo:

No queda después de tu amor
Cosa imposible ninguna
Ver ángeles en el cielo
O el lado oscuro de la luna.

No hay que confundir el lado oscuro de la luna, el que en un momento está en sombras, con el lado oculto, que es el que no podemos ver. Igualmente un 14 % de su superficie se muestra en algún momento debido a las libraciones (movimientos de oscilación).
Corregido quedaría:

No queda después de tu amor
Cosa imposible ninguna
Ver ángeles en el cielo
O el lado oculto de la luna (el de atrás).

No me pidan diplomas ni certificados de astronomía porque no se los puedo dar. No obstante les permito mencionar el curso y algún agradecimiento en la portada de sus libros de poemas. Hasta la próxima.
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viernes, 26 de diciembre de 2008

Pequeños momentos

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Desconozco si hay un momento preciso en que se acaba la infancia. Pero estoy seguro que dejando la escuela primaria ya empieza a ser parte de nuestros recuerdos.
Esta etapa de la vida de mi hija Iris está colmada de pequeños momentos, que seguramente se parecen a los de ustedes, y que hoy quisiera compartir:

Mi emoción cuando fuiste abanderada en Jardín.
Tu primer día de guardapolvo blanco.
Tu orgullo mostrándome los cuadernos.
Tu nombre escrito con la R al revés.
Tus ojitos que me buscaban a la salida de la escuela.
La campera siempre olvidada en el aula.
Las salidas apuradas para no llegar tarde.
Las llegadas tarde
Las golosinas buscadas en la guantera del auto.
Tu frase “ya me lo comí”.
Los viajes a la escuela contándonos chistes.
Los que cantábamos canciones de la radio.
Los que tocabas el violín y todos nos miraban.
Los conciertos de flauta dulce.
“Escuchá Papá la canción nueva que saqué”.
Tu mirada buscando mi presencia en los actos escolares.
Tu hermosa letra redonda, a veces.
Tu curiosidad, siempre.
Tu espontánea redacción.
Tus increíbles faltas ortográficas.
Los materiales de Tecnología, preparados de apuro la noche anterior.
El comedor, la vianda, el comedor, la vianda.
Tu ropa especial el día de la foto.
La maestra Mariana que quisiste tanto.
Tu amiga entrañable Diana.
Los pijamas parties.
Los pijamas parties con películas de terror.
Los fines de semana con alguna de tus amigas en Claypole.
La abuela Yeli queriéndote enseñar francés.
La abuela Elisa queriendo que vayas peinada.
Tu valentía en las primeras vueltas sola en colectivo.
La vez que te bajaste mal y te perdiste.
El suave tránsito de la ropa que te poníamos a la ropa que elegís.
Tus etéreos pasitos de ritmo tecno.
Tus toques jugando al volley.
Tu pañuelo de San Clemente.
Las primeras salidas al Abasto con tus compañeros.
Las imperdibles fiestas en la escuela.
La vez que hicieron una exposición de alimentos.
Las reuniones de entrega de boletines con tareas para padres e hijos.
La alegría del final de clases.
La emoción del reencuentro en marzo.
La interminable cuenta regresiva del viaje de egresados.
Tu vergüenza de vender rifas.
El día de hoy, que terminás tu escuela primaria.

5 de diciembre de 2008
Leído en el acto de finalización de clases del Normal 1.

martes, 2 de diciembre de 2008

Olores

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Una rueda siempre
huele a camino recorrido.

Huele a arcillas húmedas
de una llovizna reciente,
a pavimentos aceitosos
ablandados al calor del sol.
A estaciones de servicio
sucias de combustible derramado.
A olvidados hoteles de ruta
con patios gastados a lavandina.
A ciudades alejadas
atravesadas al mediodía
en la ceremonia sincronizada
de cacerolas sobre el fuego.

La rueda no se detiene en los olores
los lleva como semillas
que germinaran en lugares distantes
despertando, tal vez,
involuntarios recuerdos de un viaje.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Sutil exquisitez

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Uno de los lugares preferidos por las empresas de producción de largometrajes de todo el mundo que vienen a filmar a Buenos Aires, es el puente de hierro de calle Ituzaingo. Construido sobre las vías del Roca a cinco cuadras de la estación Constitución, se conserva aun en perfecto estado con sus vigas unidas a remaches y su calzada empedrada.
En marzo del 2007 filmó allí parte de su película “Sur le Pont” Philipe Lagrange, un director de cine francés de temáticas un poco encriptadas, pero con muchos seguidores.
Había preparado el escenario-puente para varias secuencias que se irían intercalando a lo largo de la película. En algunas la pareja protagónica hablaba, en otras discutía y en otras sólo se miraba.
A pesar de todas las precauciones tomadas durante el rodaje, se cruzó en la escena uno de los travestis que habitualmente espera clientes en esa esquina. Lo hizo en el otro extremo del puente, por detrás. Ni el director ni los asistentes lo vieron en ese momento, aunque sí días más tarde, cuando se reveló la película. De haberse hecho en forma digital y revisado en el momento, se hubiera hecho una retoma, pero Lagrange consideró que no valía la pena dedicar otro día a repetir esa escena.
La película se terminó y se estrenó en Paris en el mes de agosto.
La historia que en ella se relataba, era la de una joven pareja unida por un amor muy visceral, signado por continuas rupturas. El puente era el símbolo, el lugar de unión y desunión. El travesti local, devenido en extra, aparecía en la última, donde sin mucha explicación la pareja se besaba para luego separarse. Entonces cámara se alejaba y el tema musical de fondo daba ingreso a los títulos del final.
No tuvo, a pesar de la expectativa, buenos comentarios de la crítica y el público decayó en pocas semanas. Estaban por retirarla de cartel cuando sucedió algo inesperado.
Monsieur Chercheur, crítico de Le Monde y seguidor de Lagrange, después de ver varias veces la película, publicó en una nota de página destacada, el descubrimiento del verdadero sentido de esta obra genial. El protagonista deja a su pareja porque decide asumir su homosexualidad. Varios indicios escondidos a lo largo del film lo predicen, pero lo confirma el fantástico final donde un travesti cruza la imagen como el alter ego del protagonista, una sutil exquisitez.
A partir de ese momento las salas volvieron a llenarse y “Sur le Pont” tuvo el éxito merecido.

viernes, 28 de noviembre de 2008

EL Libro de los Talleres III

El último viernes en el museo Mitre de San Martín casi Corrientes, la editorial Dunken hizo la presentación de “El Libro de los Talleres III”. La idea de esta serie de libros es mostrar lo que se está escribiendo actualmente en los talleres literarios de todo el país. Cruzagramas, al cual pertenezco, fue invitado a participar y se incluyó un texto de mi autoría. Éste es “Conversaciones” y puede encontrarse más abajo en este Blog.
Fue muy emocionante para mi participar con todo el grupo de esta presentación y que me acompañaran mis hijas Iris y Mailén. También fue emotivo que hayan elegido mi texto para ser leído en el acto.
Deseo agradecer por este medio a la editorial Dunken por apostar a este proyecto y a Sebastián Barrasa de Cruzagramas por haberme elegido para participar y por poner su empeño para que todo saliera a la perfección.El libro, de una edición muy prolija, ya está a la venta.
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En la foto: Iris y Mailén (mis hijas), yo, Sebastián Barrasa (Coordinador del taller), Fernanda Lamota, Martina (hija de Claudio), Claudio Sylwan y Emilio Alvarez.
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lunes, 24 de noviembre de 2008

Historias de mi familia

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Artistas

Mi madre siempre estuvo vinculada con el arte. Yeli íntimamente siempre se sintió artista, pero a su egreso de Bellas Artes no tuvo la decisión necesaria para dedicarse a la producción de obras. Prefirió dejarlo para mejor oportunidad y ocuparse de la docencia, de la casa y de los hijos que vinieran.
Recuerdo cuando era pequeño, verla ordenar algún placard buscando ese espacio siempre insuficiente, y que irrumpieran sin aviso algunos de sus trabajos de estudiante. Me encantaba mirarlos y escuchar su comentario: “ves, esto esta hecho con carbonilla, es como un lápiz pero de carbón, después de dibujar lo podés difuminar así con el dedo”. Y en un costado del dibujo hacía la experiencia ante mis ojos curiosos, para luego cubrirlo nuevamente con el papel de cebolla opaco.
Mi niñez estuvo llena de ocasiones en las que mi madre demostraba cómo se bocetaba, dibujaba o se pintaba, en trabajos escolares míos, de mis hermanos, de nuestros compañeros y de nuestros vecinos. Para Yeli, la técnica debía dominarse antes de expresar nada.
Otra de sus facetas era la de crítica. Cada tanto, algún conocido que estaba aprendiendo dibujo le traía sus trabajos. Y como pasa casi siempre, los primeros dibujos logrados se muestran con el íntimo deseo de recibir alabanzas. Mal lugar para buscarlas. Más allá de que estuvieran vistosos para los ojos de los demás, ella les decía: “para aprender a dibujar tenés que copiar del natural, no de otro dibujo” o “la cabeza tiene que ser proporcionada, tiene que entrar cinco veces en el tamaño del cuerpo” o bien “las manos son muy difíciles, hay que evitarlas o dibujarlas con poco detalle”. Los futuros Picassos cosechaban así su primera crítica negativa, aunque bien fundamentada.
Sospecho que durante los treinta años que siguieron a su egreso de la escuela de arte, Yeli se acostumbró a “pintar con la cabeza”. Cuando algo le llamaba la atención, un paisaje, una flor, un rostro, creo que las líneas de un dibujo, o unas pinceladas de color, le aparecían en la mente como un duplicado de la realidad. Hoy yo experimento algo similar tras haber dedicado una parte de mi vida a la fotografía, de aquello que me gusta voy haciendo fotos casi instintivamente, pero sin la necesidad de mi cámara.

Más tarde en su vida, cuando las urgencias ya no eran atender los hijos o hacer economías para que alcance el dinero, se dio la oportunidad de expresarse a través del arte. Por alguna causa que desconozco empezó a hacer grabados, primero sobre madera y luego en metal. Para su profesor era una excelente alumna, porque sólo debía explicarle la técnica, los demás conocimientos, de dibujo y de composición, ya los tenía. Igualmente, su producción no fue muy grande, un poco perfeccionista y demasiado exigente.
La siguiente etapa fue la de ceramista. Esta disciplina la encontró bien preparada y rápidamente comenzó a hacer obras interesantes (tampoco fueron demasiadas). Creo que el tener contacto con volúmenes la entusiasmó. Aquí se contactó con mucha gente que hacía lo mismo. Fue a seminarios, cursos y congresos bienales de la especialidad, a los que sigue concurriendo a pesar de haber abandonado la arcilla.
Su paso siguiente fue pintar tapices en tela de gran tamaño, logrando una media docena de obras admirables por su fuerza y su realismo.
Finalmente recaló en el ítem que seguramente ella considera más valioso, los cuadros de formato medio al óleo y al acrílico. Esta ha sido la etapa de mayor satisfacción, pintando paisajes y eligiendo con minuciosidad cada motivo.

Iver es una persona de unos sesenta años que conocí cuando vivía en Balvanera, sobre la calle Junín. Junto con su esposa Betty tenían (aún lo tienen) un departamento en el segundo piso, en tanto que el mío estaba en el primero.
Desde que lo conocí me pareció una persona muy singular, muy extrovertido, siempre dispuesto a decir lo que pensaba e hincha fanático de Boca.
Hacía un tiempo se le había dado por pintar. Nunca antes había dibujado o pintado ni había hecho ningún curso. Simplemente, empezó por hacer un paisaje para decorar la puerta placa de la cocina. Después encontró unas maderas que, por sus esquinas recortadas, debían haber sido para estantes, dibujó y pintó sobre ellas, para luego colgarlas de la pared. A partir de allí, no hubo madera, cartón, plato en desuso o caja de ravioles que escapara a su pasión creativa. La pintura que utilizaba eran restos de esmalte brillante (el que se usa para puertas y ventanas), que su cuñado le conseguía de las construcciones.
Había motivos infantiles que hacía para sus sobrinos, como una jirafa en una paleta de madera (aprovechando su extraña forma) o personajes de Disney. Había también retratos, pero por sobre todo, paisajes.
Sus obras las iba colgando en las paredes tapizando hasta el techo la sala de su departamento y era su orgullo mostrarlas a quien fuera por su casa.

En alguna reunión en mi departamento se conocieron, y recuerdo el brillo especial de los ojos de Iver cuando mi madre, comentando sobre algún cuadro, hizo saber que era artista plástica. Sin esperar mucho la invitó para que viera sus cuadros y, a diferencia de los años de mi infancia, no apareció el aspecto crítico en ella., simplemente le dijo “estan muy lindos”.
Iver estaba fascinado, era la primera vez que conocía una artista de verdad (mi madre da ese perfil) y había podido mostrarle su trabajo.
Se vieron varias veces más en mi casa y, en esas ocasiones, el le acercaba algún nuevo trabajo para que los viera.
Mi mudanza a otro barrio y algunas circunstancias personales hicieron que no volvieran a encontrarse.

Tal vez Iver consideró que con sus pinturas estaba lejos de impresionar a Yeli. Lo que nunca supo fue la profunda admiración que ella le tenía.
Mi madre está convencida que el artista no es que hace un cuadro como un ejercicio de voluntad. Que se lo propone a sí mismo y lo lleva a cabo, aunque su obra sea perfecta.
Artista, para ella, es el que no puede hacer otra cosa que pintar, que no necesita lienzos ni pinturas adecuadas. Que siente la necesidad compulsiva de expresarse y produce, aunque el lugar en sus paredes se haya colmado hace rato.

sábado, 22 de noviembre de 2008