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lunes, 12 de enero de 2015

Cornisa



A veces siento que voy por la cornisa de la vida. De un lado todo lo que conozco, lo que no me trae sorpresas, lo que mis pies pisan sin mirar, y del otro lo abismal, lo que no me atrevo ni a mirar por miedo a marearme. Y yo camino por ahí, entre dos mundos.

Hay en mí un espíritu aventurero, que me dice que queme las naves, que confíe y me arroje a vivir lo desconocido. Que lo que aprendí de memoria aburre. Que la vida es corta, que el disfrute está en lo nuevo, en lo inédito. ¿De quién será eso? ¿De mi madre? ¿De mi abuela?

Y también tengo mi parte de pies en la tierra. Me gusta transitar por los caminos que conozco. Saber de antemano el resultado de lo que estoy haciendo. Estar convencido que lo que hice antes y resultó, también va a funcionar ahora. Eso sí lo reconozco de mi padre, de sus denodados esfuerzos por tener todo bajo control y de preferir siempre el terreno conocido al que se está por descubrir.

Parece que yo convivo con ambos y voy con cuidado por esa cornisa, pisando a veces más adentro y más confiado, y otras, caminando sobre el aire.

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viernes, 28 de noviembre de 2014

Malentendido


Te juro que no es lo que parece. Si me dejás, puedo explicártelo todo. Tranquilizate por favor. Vas a ver que es sólo un malentendido. Su número está en mi teléfono por una cuestión exclusivamente laboral. Como trabajamos en lugares opuestos de la oficina, a veces tengo que consultarle algo, si va a hacer café por ejemplo, entonces en vez de levantarme le mando un mensaje. Ves que sencillo.
También lo del horario te lo puedo explicar. Todos tenemos que cumplir una tarea semanal, y este viernes a Chochi, quiero decir, a la Sra. Teresa y a mi nos quedaba trabajo por completar y nos tuvimos que quedar unas horas más a pesar de lo cansados que estábamos, es sólo eso. Todos los viernes hay empleados que hacen lo mismo.
Lo de la ropa es muy simple también. Siempre vienen a vender ropa a principio de mes y la dejan un par de días para que elijamos. Como estábamos atrasados la Sra. Teresa y yo no pudimos elegir, así que no tuvimos más remedio que probarnos algunas prendas antes que el lunes temprano las vengan a retirar. Y bueno, uno no puede probarse ropa sin desvestirse.
Y yo no estaba haciendo nada con mi lengua como parecía. Fue que ella me dijo que estaba sintiendo una molestia en su vulva y me pidió si yo podía ver qué era, ya que ella no se podía observar ahí. ¿Qué podía hacer yo? ¿Decirle que vaya a buscar un espejo, sabiendo que en la oficina no hay?
Yo le tengo lástima porque es una persona con muchos problemas de salud, en especial en lo pulmonar. Por eso tal vez la habrás escuchado con respiración entrecortada cuando llegaste. Yo ya le iba a decir que le convenía hacerse ver por un médico, puede ser algo delicado.
Estoy seguro que la ofendiste con tus gritos y exclamaciones y creo que le debés una disculpa. Somos gente civilizada y cuando uno no entiende algo tiene que pedir la correspondiente explicación y no lanzarse  como fiera sólo por suposiciones que luego va a ver que son falsas.
Para hacértela más fácil la invité que venga el sábado a la noche. Picamos algo, tomamos unas cervezas, escuchamos música y vos le podés pedir disculpas. Vas a ver que es una persona muy comprensiva y te va a entender.
Confiá en mí, que ella te va a perdonar y además, lo vamos a pasar muy bien.
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viernes, 17 de febrero de 2012

Muerte antilopada

Veo el mar oxidado de siempre. Y esa playa irreverente que lo contiene, que lo pelea, que escucha sus susurros estridentes.

Voy a morir en el mar. Con una muerte analgésica y galáctica. En el instante del crepúsculo áspero.

¿Qué me espera en las profundidades acrobáticas? ¿La luz oscura de lo desconocido anidado o el desesperado resplandor del túnel platónico?

La vida encapsulada y adormecida no me seduce. Y tengo cansadas las esperanzas de nuevos intentos desconsolados.

Me falta la desaterrada fuerza de comenzar otra poesía.

Tal vez mi flácido pensamiento quede para siempre en la estación terminal y mi alma empapada ascienda un peldaño más en el mármol eterno.

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jueves, 1 de septiembre de 2011

Palabras

Juan entra en el bar donde pactaron el encuentro. Busca una mesa y pide un café, le gustaría fumarse un cigarro pero no está permitido. Entonces se pone a canturrear una canción que habla de un amor que se rompe, como el de él con Ana. Las palabras de la canción se elevan, tal vez impulsadas por la melodía. En lo alto de la cortina quedan enredadas y al rato se ve que van perdiendo su tinte. Sólo se mantiene “desamor”, que tarda en desaparecer.

Ana llega y pide un cortado. Como es usual para entrar en clima, empiezan a hablar del calor y otras obviedades. Las palabras dichas apenas se pueden distinguir por su vaguedad y falta de importancia y se van desvaneciendo a medida que descienden.

De pronto Juan toma la iniciativa para tratar el tema que los reúne: que él está enamorado de otra mujer. Las palabras de su boca salen gruesas y en letras de molde oscureciendo por momentos el espacio que lo separa de Ana. Los ojos de ella se llenan de lágrimas y le responde con voz balbuceante. Pálidos vocablos en minúscula, de trazos inseguros aparecen y caen inevitablemente sobre la mesa, deshaciéndose.

A Juan, que le costó comenzar, lo va animando cada vez más la idea de terminar todo de una vez. Varias de sus palabras, desconsideradas, punzantes, definitorias, caen dentro de la taza de ella, que al sorber un trago, siente que su aparato digestivo se convulsiona.

Ana toma su cartera y se va. Juan paga y sale también, deseoso de fumar su cigarrillo.

El mozo junta los pocillos, limpia la mesa de tanta palabra triste y acomoda el florero.

viernes, 1 de julio de 2011

Desenfrenos

La consigna de la reunión de departamentos había sido clara: necesitaban una renovación total del auto. Después de cinco años de lanzado al mercado con mucho éxito, la competencia estaba ofreciendo opciones más interesantes.

El Departamento de Propulsión ya estaba trabajando en agregarle válvulas al motor y en pocas semanas presentó uno que, con igual cilindrada, incrementaba en un 20 % sus revoluciones y su potencia.

Montado éste en el prototipo, los ingenieros del Departamento de Dispositivos de Seguridad buscaron un nuevo freno de estacionamiento.

Por medio de un engranaje reductor lograron aumentar la presión sobre las zapatas y presentaron un freno que activado, no permitía que el auto se moviera ni con la máxima potencia del motor.

En el Departamento de Propulsión se pusieron a trabajar nuevamente, en ningún modelo anterior de la fábrica, el freno de estacionamiento había podido impedir que un auto se moviera si se lo aceleraba adecuadamente.

Cambiando la longitud de las bielas aumentaron la cilindrada y la potencia, de modo que el prototipo logró moverse a pesar de tener el freno activado.

Viendo esto al Departamento de Dispositivos de Seguridad no le quedó otro recurso que ensanchar las campanas y las zapatas para aumentar la superficie de fricción. El nuevo modelo apenas se balanceó cuando se lo aceleró en primera con el freno puesto.

El Departamento de Propulsión modificó los parámetros de la inyección multipunto logrando más potencia y el de Dispositivos de Seguridad la ubicación y el tamaño de la palanca de freno, que le permitía ejercer una fuerza mayor.

Entretanto el Departamento de Martketing decidó hacer un redireccionamiento del producto que fue calurosamente bien recibido por el Directorio. Se decidió relanzar el modelo para la 3º edad, un segmento de mercado un poco desatendido y de gran crecimiento. Entre las características del nuevo usuario, detalladas en el memorandum enviado al Directorio, está el usar velocidades y aceleraciones moderadas y jamás intentar mover el auto con el freno de estacionamiento activado.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Laberinto

Fue fácil entrar en tu laberinto. Tus galerías estaban decoradas de labios filigranados, de miradas aterciopeladas y frases de ternura envolvente.

Y me gustó ir recorriendo al azar patios de caricias campestres, salas señoriales de complicidad y distancia simuladas y balcones de arrebatos con luz de luna.

No había encontrado, hasta entonces, los bajoescaleras de celos machimbrados, ni los galpones de pequeñas rencillas guardadas. No conocía el hedor de rincones impregnados de envidia ni el cesto de ropa sucia de amores no olvidados.

Ahora busco la salida. Quisiera irme cautelosamente, sin pisotear ningún sentimiento florecido de tu jardín.

jueves, 11 de junio de 2009

Política

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Una de las primeras medidas que tomó el gobierno fue cambiar los colores de los semáforos. Pero el asombro de los automovilistas duró muy poco, hasta que unos días después una ordenanza los obligaba a circular por las veredas, en tanto que los transeúntes gastaban las suelas de sus zapatos en el asfalto oscuro.
Muchos padres encontraron dificultad en enviar a sus niños a la escuela durante la noche y los maestros no sabían si debían permitir o no los bostezos en clase.
Los negocios abiertos sólo los fines de semana daban bastante animación a los centros comerciales, pero el pan que se comía los viernes desafiaba los dientes más afilados.
La utilización de los sanitarios masculinos por parte de las mujeres, y viceversa, motivó no pocas situaciones risueñas durante el período de adaptación, aunque hubo también vivillos que se hicieron los falsos confundidos.
A pesar de haber sido el único partido que al asumir el gobierno cumplió con sus promesas electorales, la Alianza para el Cambio no fue reelegida. El voto de las mascotas fue decisivo y la relegó a un segundo lugar.

jueves, 12 de marzo de 2009

Síntomas

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Dedicado a Reni

Cuando Isabel compartía su vida conmigo, yo gozaba de buena salud. No digo por esto que algunos días no sufriera por digestión lenta de celos o por malestares de confianza ciega. Pero era esporádico. ¿Quién no tiene de vez en cuando una acidez en los sentimientos?
Pero cuando su ausencia se instaló en mi casa, la enfermedad lo hizo también. Esa misma noche sufrí una rotura en los ligamentos cruzados de la autoestima, que todavía no cicatrizan. Pocos días después, estando en plena calle, se me manifestó un cuadro agudo de hipotensión afectiva, tal vez asociada a la falta de desayunos compartidos.
Yo creí que el trabajo, que me mantiene ocupados el cuerpo y la mente, me iba a proteger. Pero no fue así. En la mitad de la mañana, a eso de las diez, una anemia de besos telefónicos me debilitó a punto de tener que recostarme. Ninguna transfusión de ánimo de mis amigos me hizo efecto. A la vuelta del almuerzo, inesperadadamente, sufrí de violentos cólicos de tristeza frente a la foto sonriente de Isabel.
Dicen que los síntomas se agravan por la noche y debe ser verdad.
Casi siempre al acostarme una fiebre virósica de recuerdos no me deja alcanzar el sueño. Espásmos de mates en la playa, de amaneceres acurrucados, de risas sin motivo, me sacuden todo el cuerpo.
Mañana empiezo la serie de estudios clínicos. Luego me dirán el tratamiento a seguir.
Pero no soy muy optimista: la medicina aún desconoce muchas enfermedades.

jueves, 26 de febrero de 2009

Noticia

Hay mucha demora hoy en el regreso a casa.
Hay mucha mujer hermosa por la calle. Mucha cerveza aún en los bares. Miles de fichas en las máquinas tragamonedas. Varios amigos con la tarde libre. Algunos resultados del fútbol para comentar. Cientos de contactos en el Messenger. Decenas de personas en la línea erótica...
-¿No escuchaste en el noticiero, querida, la demora que hubo para salir de la ciudad?

viernes, 20 de junio de 2008

Libro

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Un hombre compra un libro en una vieja librería. Leyendo cada capítulo se da cuenta de que lo que le ocurre al protagonista, anuncia lo que a él le va a suceder al día siguiente. Así sabe que su jefe le va a pedir horas extras, que su hijo va traer malas calificaciones y que su esposa prepara una fiesta sorpresa para su cumpleaños. Diversas circunstancias atribuibles al azar no le permiten leer más de un capítulo por día. Cuando él se da cuenta que ese es el mecanismo, decide hacer trampa y leer el final del libro. En el último capítulo al protagonista lo internan, porque un libro que leyó el día anterior lo sacó de quicio.

Años

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Casi 20 de mis 42 años los dediqué a mis 8 hijos. 21 a acompañar a mi esposa y desde hace 4, a mis 2 padres enfermos. En 3 años tendré 45, la mitad de los 90 que vivió mi abuela. Llevo 24 trabajando, me faltan 6 años de aportes y 23 para la edad de jubilarme.
Estos 288 años me pesan en la espalda como una eternidad. Un día de estos me decido y pongo el contador en cero nuevamente.

lunes, 21 de abril de 2008

Edades

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La obra recorre tres etapas en la vida de una famosa mujer. En el primer acto Lucy se maquilla con colores suaves, calza zapatillas y sale a escena como una joven adolescente. En el segundo acto endereza su postura desgarbada, cambia a una peluca rojiza y afloja en parte su rostro, para que surjan algunas marcas gestuales. En el tercer acto, Lucy muestra su propio cabello blanco y se ha quitado el rígido sostén de alambre y sus dientes postizos, arrancando del público, como todas las noches, una fuerte ovación.