Dedicado a Susana
-¿Y cómo va tu asunto con Mariela?
-Muy bien, creo que me estoy enamorando.
-¡Excelente! Ricardo. Hace mucho que no te oía decir eso. ¡Fue fulminante!
-Más o menos, ya salimos seis veces. Pero lo que me derritió de ella es lo que me dijeron unos amigos que la conocen desde hace mucho. Dicen que es seria, de buenos sentimientos...
-Difícil encontrar una mujer así que no tenga compromiso.
-Sí, no quiero que se me escape.
-¿Y te la volteaste?
-Todavía no, quiero ir despacio para que la relación se consolide.
-Tenés razón pero, ¿cómo te aguantás?
-No sé. El domingo salimos y terminamos en casa tomando un café y haciéndonos mimos. Todavía no sé cómo aguanté sus caricias sin ceder. Después me quedé al palo toda la noche. Pero creo que vale la pena.
-Ya lo creo que sí. Si es como me decís vas a tener una relación larga, quién no te dice que hasta convivencia. ¿Qué hace, ¿cocina, plancha?
-De todo, es la mujer ideal. Pero contame algo de vos, Fernando. ¿Seguís yendo a la milonga?
-Firme, todos los sábados. Se pone buena. Lo importante es saber elegir, porque hay minas que van a bailar tango sólo para que las aprieten un poco o para pasar esa noche. Por suerte entre los habitués se corre la bola y las dejamos sentadas.
-¿Y los jueves que ibas también?
-Dejé. No lo vas a creer, pero son todas casadas que se escapan para una aventura. Se llena de mujeres, pero si le mirás bien la mano, tienen la marca del anillo que se sacaron.
-Igual consiguen tipos que les den bolilla...
-Cada vez más. Saben que es una relación sin futuro, que esas minas sólo quieren sacarse la calentura, pero igual se las levantan.
-No entiendo cómo pueden hacerlo...cómo se les para...
-Bueno, no siempre les funciona.
-¿Y en esos casos qué hacen?
-¡Qué van a hacer Roberto! ¡Finjen!