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miércoles, 3 de febrero de 2010

Primicias

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Sabida es la puja periodística entre los dos canales nacionales de noticias. Ya en el primer día del año se empezó a disputar cuál sería el líder en audiencia. Cada canal convocó a la totalidad de su personal para una jornada especial, no sólo para la producción de noticias, sino también para el monitoreo de su competencia.

En el canal de noticias ABC encargaron a un notero que entrevistara al primer turista en arribar a Mar del Plata. Otro fue destinado a grabar el llanto del primer bebé nacido en Buenos Aires.

Pero el canal Primicias los sorprendió anunciando la nota al ganador de la primera bolilla del Casino de Mar del Plata y la primera boleta de tránsito en calles porteñas.

Entonces ABC instruyó a sus periodistas para conseguir el primer beso del año en los boliches de Constitución y el primer cliente en confundirse con un travesti en el Microcentro porteño.

Primicias no quiso quedarse atrás y destinó su personal a buscar el primer marido engañado con un guardavidas en La Feliz y la primera discusión fuerte entre cuñados, con o sin agresión física, en Buenos Aires.

Ahora sí, el canal ABC, no pudo hacer otra cosa que destinar todo el personal posible, incluso al que se hallaba de licencia, a buscar la primera lágrima adolescente derramada por amor en la ciudad balnearia y la primera muela fisurada por un turrón de Alicante en esta Capital.

Fue un comienzo de año pocas veces registrado. Quienes siguieron esta maratón de noticias supieron la altura de la primera ola, el título de la primera película porno alquilada y la primera pareja que se deshizo tras un mensaje delator en el celular.

Pero no fueron muchos, la mayoría de la población seguía en los otros canales las alternativas de la renuncia del presidente, producida curiosamente, el primer día del año.

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domingo, 6 de julio de 2008

Un día de mi vida de colectivo

Relato sin adjetivos calificativos

Véanme salir del garage. Todo perfume y limpieza, todo espacio. Y mi chofer comenzando su día con disposición, con humor. Pero lo conozco y se lo efímero de su estado.
En la esquina, dos jóvenes y una señorita: minifalda, piernas y tacos. La mirada del conductor hizo recorrido de ida y de vuelta.
De a poco me voy llenando. Una anciana pone moneditas que la máquina se niega a aceptar, y la cola de los que están abajo se desespera.
¡Alguien que ceda un asiento, por favor! - ruge la voz del chofer. Miradas que se cruzan, desgano, incomodidad; finalmente se levanta el voluntario, la embarazada se sienta y la tensión desaparece.
Una seña de detención llega tarde, y para no dejar el pasajero de a pie, le cierro el paso a un taxi. Gritos y ademanes, improperios e insultos ponen fin a la tranquilidad de mi compañero el chofer.
En la esquina de una escuela, un mar de guardapolvos me inunda y a gotas los voy dejando a cada uno en su casa. Me gusta su alegría, su espontaneidad me hace felíz.
Mi sensación es que transcurre un día como otros, pero algo me dice que a mi conductor no le ocurre lo mismo. Una mujer que subió preguntando por unas calles, encontró respuestas a esa inquietud y a varias más, porque hace rato que los veo conversando. Una frase, una sonrisa, una pregunta y más sonrisas. ¡Que preste más atención que ya tuvimos dos frenadas!
El pasaje se va raleando, vuelve a verse lo espacioso de mi interior, pero el desodorante del inicio trocó en humo, sudores, alientos y encierro.
Ya estamos solos, el chofer, yo... y ella (parece que nos acompaña al garage).
Sean amables conmigo, ¡no me ensucien el asiento de atrás!

jueves, 8 de mayo de 2008

Confiterías de Buenos Aires

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Dedicado a Andrea

De hoy no pasa.
Esta es la quinta vez que nos encontramos. Y todavía no me animé.
Sé lo que pasa. Los lugares donde nos citamos no son los adecuados, siempre frente a frente en la mesa de un bar o de un restó. Es muy difícil encontrar intimidad a tanta distancia.
Alguna vez pensé que sería útil buscar en Buenos Aires alguna confitería con sillones, luz suave, música romántica…allí las cosas se darían solas. Pero la verdad es que nunca tengo tiempo de salir a recorrer.
Con Bibi nuestras charlas siempre fueron animadas, nos divertimos y hablamos de cosas serias, hasta llegó a contarme detalles íntimos de su vida. Pero lo que no me animé fue a tomarle la mano y a decirle frente a frente lo que siento. Hoy lo voy a hacer aunque me cueste, no soporto que nos sigamos citando como amigos. Al menos este bar tiene un poco de música.
-Hola Carlos, ¿Cómo estás?
-Muy bien, Bibi ¿y vos?
-Bien, con muchas cosas para contarte.
-Yo también tengo algo importante para decirte.
-Genial, te escucho, Carlos.
-No, primero decime vos.
-Bueno, te cuento. El lunes a la tarde un compañero de trabajo me confesó que está interesado en mi, que quería que saliéramos. Yo no había reparado mucho en él, pero es simpático y parece buen tipo.
-¡Pero no lo conocés!
-No, pero trabaja en la empresa. Pensé en ese momento: hace meses que rompí con mi ex, es hora de que me dé otra oportunidad, por lo menos para ver qué pasa. Y acepté, nos vimos el martes y ayer pasamos la noche juntos. ¿No es genial?
-Pe… pero no sé si es el adecuado…
-Vas a ver que sí cuando te lo presente, le conté de vos y te quiere conocer. Bueno, ya hablé bastante, ¿Qué tenías para decirme?
-Nada especial Bibi: que tengo decidido empezar a recorrer confiterías de Buenos Aires. Creo que de hoy no pasa.