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Dedicado a Teresa
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Todo me va mal. Y no sólo ahora. Mirando mi vida con perspectiva creo que nunca tuve un momento de felicidad plena. Tal vez si hubiera tenido al menos uno, mi existencia sería distinta. La evocación de ese momento me llenaría el corazón y me permitiría seguir viviendo.
Regreso a casa yendo por la autopista recién inaugurada. Está construida sobre el viejo Camino Negro. Hace años que no andaba por estos lugares. Algunos edificios de antes me reconocen. En esa esquina está un antiguo hotel para parejas, bastante bien mantenido. En el piso superior hay ventanas, algunas abiertas. Tras una de ellas una luz tenue y colorida se filtra. Dos personas junto al borde de la cama se multiplican en los espejos. Él es un muchacho muy joven, está de pie ayudando a su compañera a quitarse unos jeans apretados de tiro muy alto. Ella está tranquila y lo hace con cierta soltura. A él no le cabe el corazón en el pecho. La besa al pasar, mientras le ayuda con la camisa de bambula. ¿Cómo puede tener ese cuerpo tan hermoso sólo para él? No sabe qué acariciar primero. Y cuando piensa que ella está allí con él porque lo desea, porque desea sus caricias y su sexo, una corriente de excitación le recorre el cuerpo. Quiere grabar todos los detalles en su memoria, inscribir en su alma este instante de gloria.
Tengo que poner atención en el tránsito, es una autopista rápida. Quiero volver a pensar en mi mala suerte y mi desdicha. Pero algo, un sabor dulce en la boca, me lo impide.
Gracias por llegarse hasta mi blog. Van a encontrar de todo un poco. Todo lo que se me ocurre y tiene forma literaria. Si en algo dudan si está escrito en serio o es una broma, apuesten por esto último. Respecto de mí: soy un escritor de cosecha tardía, con todo lo interesante que puede ser la experiencia de una vida puesta en las letras. Espero que disfruten de la lectura y me dejen sus comentarios, buenos y de los otros, me ayudan mucho.
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jueves, 20 de noviembre de 2008
miércoles, 16 de julio de 2008
Labios
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Adoro los labios pequeños. Esos que apenas enmarcan. Están, pero no eligen ser protagonistas, prefieren la simpleza del actor de reparto. Los disfruto cuando el dorso de mi mano pasa sobre ellos, cuando los beso o cuando sólo los intuyo.
¿Puedo pedir más? Sí, tal vez un clítoris que no se me esconda y una mujer apasionada.
Adoro los labios pequeños. Esos que apenas enmarcan. Están, pero no eligen ser protagonistas, prefieren la simpleza del actor de reparto. Los disfruto cuando el dorso de mi mano pasa sobre ellos, cuando los beso o cuando sólo los intuyo.
¿Puedo pedir más? Sí, tal vez un clítoris que no se me esconda y una mujer apasionada.
sábado, 12 de julio de 2008
Telegrama
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Dos hombres con nombre parecido en el vecindario. El cartero lleva un telegrama de despido a la persona equivocada.
El despedido sin telegrama acude a su trabajo. A su jefe ya se le ha pasado la bronca y se arrepiente de haber mandado la misiva. Al enterarse que no llegó, nunca más la menciona.
El falso despedido apura el proyecto postergado de abrir su propio negocio que, a decir de los vecinos, resultó más que exitoso.
Dos hombres con nombre parecido en el vecindario. El cartero lleva un telegrama de despido a la persona equivocada.
El despedido sin telegrama acude a su trabajo. A su jefe ya se le ha pasado la bronca y se arrepiente de haber mandado la misiva. Al enterarse que no llegó, nunca más la menciona.
El falso despedido apura el proyecto postergado de abrir su propio negocio que, a decir de los vecinos, resultó más que exitoso.
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