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Tengo un tambor en un rincón de la sala. Él escucha las vibraciones del aire. Basta con poner una mano suave en su vientre tenso para darse cuenta. Escucha mi voz, el ladrido del perro, el auto que pasa. Y no dice nada, sólo tiembla. Si lo quieren oír, si lo golpean, entonces sabe sonar. No de cualquier manera, su sonido es todo cadencia y ritmo. Recordando el paso marcial de los ejércitos, el delirio de una samba en Río o el desacato de una manifestación callejera.
Pero me agrada creer que prefiere su condición de escucha, que nos parecemos.
Gracias por llegarse hasta mi blog. Van a encontrar de todo un poco. Todo lo que se me ocurre y tiene forma literaria. Si en algo dudan si está escrito en serio o es una broma, apuesten por esto último. Respecto de mí: soy un escritor de cosecha tardía, con todo lo interesante que puede ser la experiencia de una vida puesta en las letras. Espero que disfruten de la lectura y me dejen sus comentarios, buenos y de los otros, me ayudan mucho.
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jueves, 5 de junio de 2008
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